Hasta el moño de la sororidad

Sororidad.

No, no todo vale.
Y no vale dar la razón  a cualquier mujer por el hecho de ser mujer, y no basándose en si la lleva.
Sororidad, esa palabra tan de ahora, tan de mujeres, mujeres  libres,  feministas, tan cool.

Alguien se preguntará a estas alturas que es la sororidad, es el hermanamiento femenino, una forma de solidarizarse entre mujeres, pero va mas allá, comprende pensamientos y actos tanto éticos como políticos destinados a unirse y luchar contra el patriarcado que nos discrimina.

Esa sororidad se ha difuminado y convertido en otra cosa, en un todo vale.

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La radicalización de las redes

La radicalización de las redes

Leía hace unos días a una gran persona, Esther, hablando del miedo que le da la radicalización de todo.
No hablaba de política, hablaba de todo en general, es un hecho, es el fruto de las redes, de la conexión perpetua.

Antes convivíamos, y la convivencia crea tolerancia, no te quedaba otra que respetar lo que opinaba el vecino, le veías todos los días en la escalera, jugaban juntos vuestros hijos, tal vez con ese tan pesado no te relacionases mucho, pero sería una excepción.
Convivir es también escuchar diversas opiniones, a veces aprender de ellas, compartir.
Si no te terminaba de gustar lo que pensaban o hacías tus vecinas tal vez le dieses una vuelta de tuerca comentándoselo a tu marido, o a tu madre o a esa amiga íntima, pero seguías conviviendo…
No había opciones, así que aunque a veces esa convivencia te reafirmaba en tus creencias, otras te hacía dudar e incluso cambiar de parecer.
Y claro que había feeling con personas cercanas en ideologías, ideas, etc., pero también con otras opuestas.
Simplemente por cercanía, lo que creaba lazos que nos hacían crecer.

Idílico eh? Lo era, hasta que tuvimos móviles, y redes sociales, y conexión 24 sobre 24 horas, y globalizacon en redes…
Tal vez la cara mas negativa de una herramienta que se ha convertido en imprescindible, la mas importante forma de comunicación hoy en día, trae una consecuencia que da miedo, la radicalización de todo. El extremismo absurdo en todas y cada una de las facciones de nuestra vida diaria.
También en la maternidad.
Estamos en un momento en el que hemos alejado las relaciones afectivas que antes eran necesarias vecinas, familiares, grupos de mujeres por cercanía…
Ahora suplimos esto con redes sociales y que mejor forma de fusionar las relaciones que con cosas en común. La teta, la crianza, son nexo de unión y al convertirse en bandera también “Sobre maternidades y sectas”
Suelen llegar además en un momento de fragilidad extrema, puerperio, embarazo…
Momentos en los que la soledad asoma en forma de incomprensión.

Para qué convivir con mi vecina? Si puedo amalgamar en un grupo de Facebook a 30 personas que piensan como yo?
Quedadas en la otra punta de la ciudad, el parque del barrio ya no interesa, entremezclarse con la gente no interesa, no queremos interactuar, no nos apetece escuchar otras opiniones, vivir otras experiencias…

Las redes sociales son una herramienta maravillosa, pero también una peligrosa forma de separar y diferenciar.
De crear guetos virtuales donde no hay cabida a otras formas de pensar

Arriesgarnos a que alguien nos examine o nos haga preguntas, nos haga replantearnos algo.
Preferimos buscar afinidades, nada de arriesgarse a conocer a personas que no nos aporten o comprendan, para qué?
Radicalizamos también la maternidad y nos juntamos en cuasi-tribus urbanas, autistas del resto del entorno, no interesan otras opciones, otras crianzas…
La mía es la buena y lo certifican los otros 29 miembros del grupo, ó 50, ó 100, ó 2000. Llevamos razón!!
Lactancia materna, educación, creencias, alimentación, vacunas…
Es beneficioso encerrarse y radicalizar cualquier aspecto de nuestra vida? De nuestra maternidad?
Ello conlleva a cada vez mas quejas… Nadie comprende mi crianza, nadie apoya mis decisiones, critican mi lactancia, o mi biberón, o mi…
Y si compartimos? Escuchamos? Necesitamos honestamente la reafirmación del resto para sentirnos bien?
Necesitamos confirmar al resto para sentirnos parte de algo?

Nos empapamos de libros, webs, blogs y opiniones que nos den la razón!
Para qué buscar opciones que nos dejen asomar el más insignificante atisbo de duda? Noooooo. No queremos!
Sabemos que no estamos equivocados, no nos interesan otras opiniones que nos aboquen a buscar y preguntarnos, somos los Skinheads de nuestras creencias…
Maternales, políticas, futboleras, de crianza, de vida…
Todo puede ser un arma, todo sirve para diferenciarnos y comenzar batallas.

Talibanismo llevado al absurdo en todas las posibles facciones de nuestra vida.
Y todo llevado al extremo porque nos relacionamos sólo con quien nos da la razón.
Guerras absurdas con pantallas de por medio, para dejar claro que nuestra opción es la buena, no cabe la escucha, ni el pragmatismo, para qué? Pudiendo haber confrontación en la que creernos ganadores?

No importa si es un grupo de recetas de cocina de la termomix, o un foro de consulta médica, o de limpieza, o de educación o simplemente de preferencias musicales, en algún momento comienzan guerras absurdas, en las que nadie da su brazo a torcer, porque por supuesto llevan la razón! Sin más.
Batallas en las que participar y afianzar nuestra verdad.

Porque esa verdad es la absoluta, porque la razón te la dan a diario 30, 40, 100 veces, se afianza en su tesis porque lee al respecto todo lo que lo reafirma. De forma sectaria y consciente se anula mirando hacia otro lado todo aquello que pueda negar nuestras creencias, nuestra verdad.
Vivimos en un momento de aseveraciones, pruebas y juicios totales. No hay lugar para la comprensión, para la duda, para la convivencia…

Os imagináis que hiciésemos lo mismo en el mundo real que en las redes?
Y nos obligasen a vivir confinados según nuestras creencias por barrios?
Os parecería aberrante? Apartheid?
El barrio de las de la lactancia materna, el barrio de los del Barça, el barrio de los vegetarianos, el barrio de los de izquierdas, de los animalistas…
Estamos creando apartheids virtuales, donde vivir nuestra realidad desvinculada del mundo.
Aunque todas estas amalgamas de personas nazcan con la idea de encontrar apoyo. Terminan siendo alimento de ideas que se extreman y radicalizan. Sectarizando sin mas.

Tal vez habría que replantear si en algunas ocasiones no mal-utilizamos las herramientas digitales de las que disponemos. Porque son eso, herramientas para ayudarnos, no para sustituir formas de vida.

Conocemos a todos nuestros vecinos? A todas las mamás del cole?
Por qué nos cuesta tanto compartir mundo con el resto?
Por si no nos dan la razón?
Dónde quedó el placer de descubrir otras opciones, de compartirlas, de aprender…

Asusta. La falta de relaciones humanas en un medio lleno de ellas.
Salgamos a la calle, sonriamos a esa señora del parque, a ese hombre que toma café en el bar, a la mujer del autobús…
Pregúntale como se llama a esa mama del parque y vecina y preséntate.
Saluda a todos por la escalera.
Este es el mundo que queremos que hereden nuestros hijos? Uno donde no haga falta convivir?
Uno donde la vida y las relaciones sean meras letras en una pantalla?
Uno donde en un día en el que necesites una mano amiga debas encender el ordenador y encontrarla a cientos o miles de kilómetros?
Lo ideal sería tenerlo todo.
Hagamos un esfuerzo…
Vivamos…

 

 

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Sobre maternidades y sectas…

Esta es solo una historia, inventada, desmedida y redundante, es la suma de muchas historias con el fin de dejar expuesto y de manifiesto el extremismo en el que a veces sin darnos cuenta nos vemos envueltas.

Es una historia de un lado, el que mas conozco, pero también es extrapolable a la versión opuesta. Es solo un grito, un basta!!
Si la maternidad es instinto y respeto, por qué se empeñan en catalogarnos, en hacernos andar por caminos rectos con muros de 4 metros a cada lado? Por qué se insisten en etiquetarnos, en decidir cuáles son las buenas y malas maternidades?
Por qué nos empeñamos en pertenecer a tal o cual corriente, y entregamos ciegamente nuestro pensamiento y nuestra maternidad a la manada, tribu, grupo o secta de turno?
Moda?
Y es que las redes sociales son una herramienta maravillosa, pero también una peligrosa forma de separar y diferenciar.  De crear guetos virtuales donde no hay cabida a otras formas de pensar.

Estamos en una sociedad en la que hemos alejado las relaciones afectivas que antes eran necesarias vecinas, familiares, grupos de mujeres… Porque nuestras ciudades han crecido, nos hemos desvinculado del entorno, trabajamos lejos, muchas horas…
Ahora suplimos estos contactos personales que antes se hacían a diario, porque se vivía en sociedad con redes sociales y q mejor forma de amalgamar las relaciones que con cosas en común. La teta, la crianza, son nexo de unión y se convierten en casi sectarios. No es algo para hacer daño voluntariamente que también lo hay, sino de demostrar que no estamos solas y de sentirnos parte de un algo.

 

 

Se quedó embarazada y el mundo se llenó de fuegos artificiales, pero la mala suerte hizo que se rompiera un tobillo.
Un embarazo convaleciente que dio para muchos meses de aburrimiento.
Con todo el tiempo del mundo y escasa movilidad se embebió de webs y libros que le abrieron un mundo que ni siquiera se había planteado. Comenzó por embarazos y partos respetados, webs que le abrieron los ojos a protocolos que descubrió obsoletos y no admisibles para ella.
Siguió leyendo a todos los autores de crianza respetuosa, teorías del apego y nuevas corrientes educativas.
Descubrió un mundo inmenso que le abrió la mente y los ojos e hicieron cambiar radicalmente su forma de pensar. Ya antes de nacer su pequeña se hizo eco de las asociaciones pro lactancia de su ciudad, antes de verle los ojos ya tenía foular y portabebés, arrinconó la cuna regalada a otra estancia a favor del colecho y decidió cambiar el mundo…

Y nació su ángel, aunque su parto no fue como lo había soñado, aunque el tiempo pondría guindas y belleza a una experiencia que le marcó, precisamente por no aceptar que no fuese como había soñado.

Desde los primeros días  hizo presentación oficial al incipiente grupo pro teta, colecho, porteo, apego…
Conoció los pañales de tela, y nunca más utilizo uno de papel.
Los pañales no vinieron solos, detergentes naturales y ecológicos, piedras de lavado. Ropita de bebe de tejidos bio .
Llegó la hora de incorporarse a trabajar pero lo que son las crisis, sufrió un despido, que lejos de amargarle le alegró al saber que cumpliría con la principal premisa, la de criar a su hijo por si misma, lejos de guarderías y extraños.
Aunque al mes ya no recordaba las causas y proclamó al mundo que había decidido quedarse en casa y criar con apego…
Su niña comenzó la primera infancia entre abrazos, teta y amor, y sin haber pasado medio año desde su nacimiento ya se volvió gurú entre las nuevas adquisiciones del grupo, que fue creciendo…

Y mientras mostraba a otras el sendero de una nueva era maternal y de crianza iba pensando nuevas y revolucionarias formas de vivir su nueva situación y vivir en ese entorno permanente.

Y mientras teteaba seguía aprendiendo y divulgando nuevos matices, baby-led weaning, primeros balbuceos…
Gracias a ello entró en contacto con otras alternativas, veganismo, ecología. Por su puesto su hija jamás aspiró el aroma de una pera que no fuese absolutamente libre de químicos y a las reuniones a las que se adhirió siempre llevaba hummus, pese a que los garbanzos siempre le dieron asco, aunque a escondidas se comiese los bocadillos de chorizo, pero nada era suficiente esfuerzo para formar parte y cabeza visible del engranaje, del que fue consciente del vacío que ella podía llenar, el de amalgamar todo y convertirse en prelado.

Se cansó de teta y tras meses disimulando reconoció al fin, disfrazado de destete natural, que su niña había cambiado la teta por la leche de avena. Y mientras resumía a quien le prestase oídos las obras completas de Carlos González, perdía los nervios a solas y se le escapaban gritos de mujer agotada y en constante reinvención, aunque jamás esas miserias salieron de sus cuatro paredes, incapaz de abrir su mundo y su alma a nadie, temiendo que tanta transparencia pusiese en evidencia lo corriente y ordinario de su persona.
Se inventó un pasado y decidió escribir su futuro con las tintas de su nueva vida. Se descartó a si misma en busca de un nuevo yo, que gustase a todos, aunque para ello tuviese que mentir y sufrir.

Y escondía los chupetes, y cuando venían visitas disimulaba con ropa sin planchar la cama de su hija que había sido estrenada tras descubrir que dos y medio tenían mala cabida en el dormitorio de matrimonio.
No le contó a nadie las noches que pasaron hasta que se acostumbró temiendo ser tachada de mala madre, nadie pudo abrazarla y decirle que no pasaba nada por ser humana.
Su ropa también cambió, y su calzado, todo acorde a su nuevo entorno y a su recién estrenada maternidad.
Vendió su ropa del Zara en beneficio de las ropas naturales, por supuesto con tendencias hindúes y naturales, carísimas, pero indispensables para seguir creando lazos con la tribu. Ya llegarían después según se acabaran las reservas la ropa de segunda mano también muy cool.
Hasta sus ideas políticas cambiaron y si bien siempre había sido una moderada trabajadora, tuvo que transformarse y desviarse a la izquierda porque el centrismo no estaba bien visto. Y su bebe se hizo niña mientras crecía alimentándose de productos de la tierra y mercados ecológicos y en el caso de precisar exportaciones, todo de comercio justo.
Y los días en los que sentía la necesidad de pisar el supermercado de la esquina se cuidaba mucho de ser vista.
Por supuesto nunca su hija probó bebida alguna con gas, ni de cadena de comida rápida.
Llenó su casa de incienso, siguió a rajatabla el calendario lunar, se apunto a yoga, a taichí, hizo constelaciones… Y regó sus tardes de conocimiento interior de te y galletas de quinoa…

Tan solo año y medio después de su parto era otra.
No quedaba atisbo de pasado, ni amistades antiguas.
Formaba parte de algo más grande e importante, un nutrido grupo de madres, todas con las mismas ideas, conceptos y sinergias, dispuestas a cambiar el mundo aunque fuese a costa de catalogar como equívocas y malvadas a todas las maternidades que no se ciñeran al guión exacto dado por válido. Imposible salirse del rebaño, y en caso de descontento mejor silenciarlo.
Dejó de pensar por si misma y de ser natural, porque había que caer bien a todos, y comenzó a pensar no como individuo sino como grupo.

Y pese a que fuese en contra de las directrices se agobió y apuntó a su niña a la guardería, aunque lo disfrazó de búsqueda de empleo, forzada por una pareja que no comprendía sus inquietudes.
Y disfrazó los fines de semana sin niña, en pos de abuelos extra protectores.
Y dado el tiempo libre aprovechó para afianzarse aun más en las nuevas corrientes, sociabilizar a otras en su nueva religión y conocer tendencias aún más alternativas, y se pateó todas las escuelas de educación alternativa y se planteó el homeschooling, y de tanto ver se hizo experta en metodologías Waldorf y Montessori y cambió su guión y decidió seguir por esos lares…
Mientras seguía mejorando el discurso de su forma de crianza (la mejor) y en las tardes de invierno enseñaba a su hija números y letras, porque en Finlandia no se escolariza hasta los seis, pero esto es España y su niña muy lista!!!!

No se dió cuenta de que por el camino perdió los raseros de medir y se convirtió en una extremista que criticaba, juzgaba y condenaba todo aquello que se saliese de los márgenes establecidos por su cabila.
Y como jefa del clan fue vislumbrando formas de ganar provecho a su posición, mientras adoctrinaba a los recién llegados.
Y perdió su individualidad para ser cabeza sobresaliente en foros de internautas y dar MasterClass de la nueva era maternal.

Aunque por las noches usaba pañales de papel y se torturaba porque su hija no superaba la enuresis nocturna, y es que con tres años ya meaba a lo grande y las piedras de lavado no daban abasto para limpiar pañales de tela y sábanas.
Y llegó la edad de escolarizar, aunque no fuese obligatorio y donde dije digo, digo Diego… Y aunque la educación alternativa, tras la Homescholling era una opción, los ahorros hacía tiempo que se habían acabado.
Y aunque la pública era la tercera opción, y había asistido a las manifestaciones multitudinarias por una escuela pública, laica y de calidad, pidió plaza en una bonita escuela concertada, religiosa por demás y uniformada, porque tenía claro que su hija debía codearse con ciertos niños llegados a ciertas edades…
Y es que los amigos de hoy serían los amigos del futuro, y el hipismo no trae trabajo ni posición social, le había enseñado su madre.
Aunque seguía predicando, sin ejemplo propio, todo el abanico de alternancia…

Y el futuro deparará segundas partes y la continuación de una historia, de una mujer, que de reinventarse y mutarse con el entorno, se desdibujó y se dejó el alma por reinventarse y crearse de nuevo con otro yo.

 

 

 

Moraleja:
Si el entorno te borra, te subyuga y critica por tus actos, crianzas o formas de vida y para pertenecer a el te obliga a mutar y a reinventarse aun a riesgo de perder tus principios y desdibujarte…
Si necesitas mentir o seguir a rajatabla requisitos de pensamiento o de acto que te diferencien de otros grupos sociales, si no admite la peculiaridad e individualidad de tu persona…
Huye!!!
Huye mientras puedas y mientras te conozcas a ti mismo.
No permitas que nadie te convierta en una moda o en un clon de un determinado club social.
El respeto comienza por respetarse a uno mismo. La reinvención ha de ser una necesidad individual que te aporte felicidad, si la felicidad solo beneficia al grupo y no a ti, no te conviene.
El conjunto de fieles o seguidores de una doctrina que se diferencia e independiza de otras, y no admite miembros con pensamientos distintos tiene un nombre…

Secta.

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