No, tu no lo haces.

Tu no lo haces.

Construir niños.
Suena frío y calculador, lo se.
Pero es lo que hacemos en cada uno de nuestros actos, los construimos a imagen y semejanza de nuestra forma de enseñarles el mundo.
Leía un artículo que me ha dado que pensar:
5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos.
Aunque he buscado y hay varios artículos similares, que enumeran lo mismo todos proceden de la misma fuente: Lisa Bourbeau (2003) Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. OB Stare.

Muchos nos sentimos identificados, como víctimas en algún momento de nuestra infancia o adolescencia, pero y cómo progenitores?
Nos sentimos retratados en alguna ocasión?
Abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia.

Las cinco heridas, que a menudo vemos retratadas en el día a día de algunos niños.

Si a un niño le criticas, le exiges por encima de su edad, de sus posibilidades, le educas con reproches, censurándole cada paso, amonestando sin explicar. Sin dar valía a su esfuerzo tendrás un adulto que no sabrá valorarse, ni valorar a otros. crecerá necesitando de otros y podrá ser fácilmente utilizado por su dependencia emocional…
Tu no lo haces, lo se.

Continue Reading

Tengo dos corazones…

Tengo dos corazones, que laten cada uno a su ritmo, pero juntos, uno es fuerte, grande y conocido, lleva toda la vida conmigo.
El otro es pequeño, tiene 14 meses, y late con fuerza cuando se acompasan. Y se entristece y ralentiza si se alejan.
Es capaz de sentirme en la distancia, forma parte de mi, vive arraigado a mi, su existencia es un abrazo permanente, su seguridad soy yo, su alegría y su porqué.
Apenas sabe como se llama y sin embargo venera mi nombre, me ama con locura, soy su universo y su Dios, y cuando me alejo, pierde la fe y se derrumba su mundo. Se apaga su sol

Me necesita, me respira, se alimenta de mi.
Grita si me pierde de vista tras la esquina del pasillo, y aunque ya sabe llegar solo con sus pasos renqueantes hasta el baño, no encuentra paz hasta que no me encuentra allí.
Si me levanto a por un vaso durante la comida, se nubla y una tormenta se cierne en el salón, durante los 7 segundos exactos en los que atravieso la puerta y deja de verme. Su universo se vuelve oscuro y tenebroso, y vuelve el sol con todo su esplendor cuando regreso, y con una sonrisa le pregunto: Qué te pasa? Y sus lágrimas se escabullen entre los pliegues de su sonrisa, y como un mantra repite ma ma ma ma…

Me siento necesitada, soy oxigeno, alimento, agua. Soy luz.
Y es que nunca nadie me había hecho sentir tan importante.
Tengo tres hijos, y con los tres me he sentido así, los tres me han dado el poder de la maternidad. La fuerza.
Las alas.

Continue Reading